Diario
Literatura

Cristina Piña
sobre Alejandra Pizarnik

La poeta y crítica literario Cristina Piña responde dos preguntas sobre algunos de los temas que va a abordar en el curso Alejandra Pizarnik: el yo transformado en lenguaje, que comienza el viernes 14 de noviembre.

¿En qué contexto poético produce su obra Alejandra Pizarnik?

Durante los años cincuenta, está asociada a la revista principal de la vanguardia: Poesía Buenos Aires dirigida por el poeta Raúl Gustavo Aguirre, uno de los mayores promotores de la neo-vanguardia en la Argentina -la vanguardia histórica entró en los años 20 con Borges y el grupo Florida- y donde se hizo amiga de Elizabeth Azcona Cranwell, Rodolfo Alonso, Rubén Vela y varios otros autores de esta línea, a quienes se unió el gran Edgard Bayley. También publicó en Poesía = Poesía de Roberto Juárroz.Y se puso en contacto con el grupo surrealista a través de Olga Orozco y Juan Jacobo Bajarlía, quienes la llevaron a lo de Oliverio Girondo y Norah Lange, donde también conoció a Molina.

Cuando se fue a París sus contactos fueron con Julio Cortázar, Aurora Bernardez, Octavio Paz, Miguel Ocampo y Elvira Orphée, Ítalo Calvino y su mujer, Chichita Singer Calvino y el gran post-surrealista André Pieyre de Mandiargues.

Por fin, al vover, en plena década del 60, con su fuerte -pero no única- línea de poesía comprometida y politizada, siguió fiel a su estética con bases surrealistas pero con cambios fundamentales respecto de dicha línea, en tanto era una obsesiva de la corrección.

¿En qué sentido puede hablarse de una "radical desconfianza respecto del lenguaje" en su escritura?

La hay, por cierto, pero conjuntamente con una confianza absoluta en que -dentro de la línea de los surrealistas y sobre todo de los poetas malditos- lo único que puede salvarnos de la banalidad de la realidad es la poesía. De ahí afirmaciones en su poesía como: "Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo..."

Pero a esa certeza y confianza ontológica en el lenguaje, se va sumando una radical desconfianza que alcanza su punto extremo en un famoso poema publicado en La Gaceta de Tucumán y luego póstumamente en Textos de Sombra y últimos poemas (1982) "En esta noche, en este mundo" donde dice algo para mí decisivo: 

No, las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia

¿si digo agua, beberé?
¿si digo pan, comeré?

Tras esto, y para quien le confirió al lenguaje la categoría de su "patria" y a la poesía un valor ontologizador y trascendente, no cabe sino la muerte.

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