|
Las dos últimas décadas del siglo aparecen marcadas por la democratización del campo artístico desterrando el principio de lo “artísticamente correcto”. Sin modelos superiores ni saberes autorizados reglamentando y administrando el territorio, las producciones de los artistas contemporáneos circulan con rapidez y multiplican posibilidades, contaminaciones y lenguajes.
El arte conceptual había desmantelado la idea de la obra de arte como presencia material y como mercancía. Materiales industriales, modelos científicos, reflexiones de áreas como el psicoanálisis, la lingüística, los estudios culturales y los códigos de comunicación impuestos por los medios masivos, todos atraviesan el mundo de las artes visuales.
Las obras de Antonio Seguí, León Ferrari, Liliana Porter, Víctor Grippo, Waltércio Caldas y Gego, son algunos de esos casos. Desde principios de los años 80 el regreso a la pintura como tendencia internacional impacta sobre la escena artística.
La Transvanguardia italiana, el Bad Painting en los Estados Unidos, la Neofiguración en los países latinos y la Nueva imagen en la Argentina, ponen en circulación grandes telas cubiertas de rostros e imágenes pictóricas que combinan códigos del cine, el teatro, la literatura, la música, la danza, los grafitis urbanos y los estudios de género. Esta “resurrección” de la pintura encuentra dos actores clave en el argentino Guillermo Kuitca y el cubano José Bedia.
|