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Desde principios del siglo XX, los artistas latinoamericanos viajan a Europa y toman contacto con los movimientos de vanguardia. Desarrollan propuestas relacionadas con el expresionismo, el cubismo y el futurismo, participando activamente de sus circuitos de exposiciones y debates, en ciudades como París, Madrid, Barcelona, Berlín, Florencia y Milán. Sus obras y manifiestos insisten sobre la autonomía del arte y se alejan de la pintura y la escultura como modos de representación de la realidad. Durante los años 20, muchos de ellos regresan a sus países de origen y como protagonistas de las escenas nacionales, lideran las distintas batallas entre lo tradicional y “lo nuevo”. El Neocriollo de Xul Solar (Argentina), la Antropofagia de Tarsila do Amaral (Brasil), así como el Vibracionismo y el Universalismo constructivo de Rafael Barradas y Joaquín Torres-García (Uruguay), son sólo ejemplos clave de aquellas vanguardias propias de las modernidades regionales latinoamericanas.
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