03.11.2016

Diálogo imaginario

Por Albertina Carri

—¿Cuál es su película favorita?
Meet the Feebles, una en que Los Muppets sangran, entre otras muchas cosas que les pasan. Aunque no, no sé, creo que es Muerte en Venecia o El inocente o Al azar, Baltazar, bueno, no sé, el otro día vi El hombre anfibio y rankea también junto con Fin de fiesta de Torre Nilsson, y Hellraiser, claro. ... Seguir leyendo


En el marco del ciclo Animé, hoy a las 22:00 se proyecta la primera parte de la Maratón Mazinger Z. Producida entre 1972 y 1974, la serie fue un hito en el animé y su éxito produjo una larga lista de secuelas e imitaciones.

Mazinger Z ... Seguir leyendo


El artista Jorge Macchi responde tres preguntas sobre el ciclo Carta blanca, que programó durante el mes de mayo para MALBA Cine, en paralelo a su muestra Perspectiva.

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Hasta el 16 de febrero, el MoMA de Nueva York presenta el ciclo Death Is My Dance Partner: Film Noir in Postwar Argentina (La muerte es mi compañera de baile: Cine negro en la Argentina de posguerra), curado por Eddie Muller, fundador y presidente de la Film Noir Foundation y Fernando Martín Peña, director de MALBA Cine. El ciclo incluye seis films del período: Apenas un delincuente (1949), de Hugo Fregonese, Sangre negra (1951), de Pierre Chenal, Si muero antes de despertar y No abras nunca esa puerta (ambos de 1952), de Carlos Hugo Christensen, El vampiro negro (1953), de Román Viñoly Barreto y Los tallos amargos (1956), de Fernando Ayala.

Este último se proyecta en una versión restaurada con el apoyo de la Universidad de California en Los Ángeles, a partir de un negativo encontrado en la colección de Alberto González. Durante su primera función, el jueves 11 de febrero, el público colmó la sala mayor del MoMa (cerca de quinientas butacas) y ovacionó primero al film y luego a Vassili Lambrinos, protagonista del film junto a Carlos Cores, presente para la ocasión.

Según relata Peña, “Lambrinos contó que se animó al protagónico de Los tallos amargos porque Ayala, que era un gran director de actores, le dio la confianza suficiente para hacerlo y lo cuidó mucho durante el rodaje. Nunca se tomó en serio su carrera como actor y ni siquiera recibió el premio al mejor actor de reparto que se ganó por el film, porque simplemente se olvidó de asistir a la ceremonia. Lo recibió Ayala en su lugar. Hasta hoy, nunca había visto la película con público. La vio en privado con el equipo en el laboratorio, apenas terminada, y luego muchos años después, en un VHS que le grabó un amigo”.

Desde MALBA felicitamos a todos los involucrados en este gran acontecimiento para el cine argentino, devenido además en sentido homenaje.


El escarabajo de oro nace de una iniciativa del festival danés CPH:DOX de juntar a dos directores para co-dirigir un film en algo a mitad de camino entre la experimentación artística y la caridad al tercer mundo.

La única regla, tan políticamente correcta como esotérica, era que uno de los directores debía ser europeo y el otro un habitante de la periferia, o del tercer mundo, o -en sus palabras- un ‘non-European’.

La europea resultó ser la escandinava Fia-Stina Sandlund, una sueca ultra-feminista que viene del arte conceptual y el activismo y que supo liderar hace una década un afamado grupo de acciones autoproclamado ‘Unfucked-pussy’.

El otro pobre diablo resulté ser yo.

“So they concluded you had to be together” –me decía, entre risas y con exagerado acento, un director rumano, quien también probaba suerte con un director tailandés en el mismo programa de producción.

Así el film se convirtió desde un primer momento en un documental sobre su propia gestación, pensándose a sí mismo como una extravagante co-producción entre Escandinavia y Argentina, donde los mismos mecanismos de financiación y exigencias de un mercado de cine-arte que no le deja demasiado dinero a casi nadie forman parte del horizonte de la Historia y de la película.

Pero digamos que mientras duró el rodaje, ese pintoresco viaje desde Buenos Aires hasta Misiones, arrastrando imprudentemente una casa rodante durante 1.000 kilómetros, acompañados por primera vez de una generación de hijos alrededor nuestro, filmando en pequeños ríos, en playas invernales sobre el río Uruguay, en granjas de la comunidad sueca en Misiones, en ruinas de misiones jesuíticas del siglo XVII, en todos los lugares que la Ruta 14 pudiera sugerir, guiados apenas por la convicción, apenas por el entusiasmo cándido e inocente; éramos tan sólo un grupo de amigos divirtiéndose, haciendo un chiste detrás del otro con una pasión irremediable por el ridículo.

Ese gusto por la comedia de errores, por los films de Jean Renoir, Ernst Lubitsch y Max Ophüls, nos autorizaba, en ciertos pasajes del film, a hacer sencillamente lo que tuviéramos ganas, lo que nos divirtiera en ese momento. Compartir un proceso de escritura, rodaje y montaje (que en este caso es casi lo mismo) con Walter Jakob, Mariano Llinás, Rafael Spregelburd o Agustín Mendilaharzu originó un comportamiento por momentos infantil y por momentos compulsivo, como si fuéramos apostadores trasnochados dentro de un casino. El gusto por lo literario, por lo irreverente, o por el mero riesgo, por traer a Alem, a Poe, a Stevenson, a Bresson y a Manet, como si fueran invitados a una fiesta que trata de re-inventarse a medida que va pasando la noche, forma parte de ese espíritu del film.

Y allí está, en El escarabajo de oro, el retrato de ese grupo de amigos, riendo, jugando al fútbol, andando en bote, ensayando escenas absurdas, disfrazándose, viajando.

El mismo espíritu es el que tuerce a la película a traer a las voces suicidas de los fantasmas del siglo XIX, salteándose apenas todo el siglo XX y tratando -como profetas filosos- de narrar con espíritu novelesco nuestros días, en una visión, acaso, no del todo incongruente. Una visión ridícula, sí, irreverente, bufonesca, absurda, extravagante y quijotesca. Pero crítica. Y melancólica.

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El escarabajo de oro se proyecta los sábados 18, 25 de octubre y 1 de noviembre a las 20:00. 


En octubre, coinciden en MALBA dos actividades cuya premisa es el cuestionamiento de los límites del concepto de ficción en la literatura y el cine contemporáneos.

El seminario Ficciones alteradas. El campo de pruebas de los relatos expandidos, a cargo de Rafael Cippolini, recorrerá los límites y pliegues de géneros contaminados como las memorias reconstruidas y recobradas, la subjetividad extrema en el ensayo, la creciente taxonomía de relatos de no-ficción, la novela teórica y las mutaciones de la crónica, entre otros.

La Segunda semana de cine portugués, por su parte, presenta una serie de films que funden y confunden recursos del documental con otros aparentemente exclusivos del universo de la ficción. Las producciones elegidas comparten un mismo espíritu subversivo y reimaginan las posibilidades del cine futuro en ese borramiento de fronteras.