Quisqueya Henríquez
Helado de agua de mar Caribe
Santo Domingo, 2002

Comiendo fragmentos de mar

por Sara Hermann

Cada hombre comiendo fragmentos de la isla…
la neblina cubriendo con su helado disfraz el escándalo de la sabana,
cada palma derramándose insolentemente en un verde juego de aguas…
—La isla en peso. Virgilio Piñera

Quisqueya Henríquez es una artista con un arraigo discontinuo a dos islas. Nace en La Habana, crece en Santo Domingo, se educa en La Habana y desarrolla su obra en Santo Domingo. Su cuerpo de trabajo es de suma importancia en el panorama de las artes del Caribe. Es de resaltar su labor precursora en el acercamiento a temas álgidos y pertinentes a los que el arte había hecho poca referencia hasta el momento en los escenarios locales y regionales. La dualidad o bipolaridad insular y archipelágica, el aislamiento y las cajas de resonancia, los estereotipos y los tipos, los sujetos migrantes y arraigados. Quisqueya alude a la insularidad desde lenguajes diversos; reflexiona críticamente sobre la construcción de ficciones desde los espacios de poder; desarrolla una obra abiertamente cuestionadora de los nacionalismos; plantea, desde los escenarios arquetípicos que crea, la ambigüedad, los antagonismos y hasta sus cuestionamientos sobre la lógica del pensamiento estético del momento. Su práctica está llena de propuestas que se ubican en fronteras y que refieren a la discontinuidad.

Con el fin de siglo XX y a raíz de su retorno a República Dominicana desarrolla la serie de las Burlas. Ese núcleo de obras apunta hacia los relatos que se han conformado en relación con el trópico, fundamentalmente asociados al Caribe. Refiere a los estereotipos construidos en relación con el mar y la insularidad. Pero debo aclarar que no se trata de cualquier mar, y con el riesgo de parecer idealista, hago la indicación de que me refiero a un mar exquisito y siniestro. Y tampoco se refiere Quisqueya a cualquier isla, sino a esos pedazos de tierra emergentes en toda la extensión de su significación que la atan y sueltan sucesivamente. De esta manera, y en íntima relación con la insularidad reinterpretada en Burlas, aparece la coexistencia de filos de utopía con momentos de violencia. La mirada utópica refiere al planteamiento de posibilidades imposibles y no hace resistencia al sustrato de violencia. Esta serie tiene a la vez una muy poderosa referencia autobiográfica, es una especie de bitácora del regreso y todo lo que ello implica de amable y agreste. De ahí que, en Ropa congelada, una de las piezas clave de este conjunto, Quisqueya plantee el despojo de todos los elementos de su indumentaria para someterlos a un proceso de congelamiento en neveras industriales. Es su cotidianidad congelada, sometida a una variación térmica radical y tratamiento de anoxia que no solo la reconfigura temporalmente, sino que ejerce una especie de despojo de lo que arrastra en términos de memoria, olores y presencias. Lo siniestro, como ese tipo de espanto que afecta las cosas conocidas y familiares se comienza a verificar en piezas como Sangre congelada. Lo escandaloso de la sangre, en este caso, es pasado por el tamiz del brusco cambio térmico que la solidifica. La consistencia se convierte entonces en punto de interrogación en esta sangría. ¿Qué nos cuenta la sangre? ¿Qué hay en ella?

La serie Burlas recodifica conceptos y desarticula nociones como la temperatura y lo efímero. Y es por esta vía que llegamos al relato de un helado. La manera que tiene Quisqueya a través de su obra de alterar los ordenes establecidos y desviar las normas perceptivas confiere al helado, elemento cotidiano de gusto y deseo, la propiedad de ser instrumento de cuestionamiento de las historias aprendidas. Helado de agua de mar Caribe plantea preguntas en lo personal y autobiográfico, en lo histórico y lo social entre otros campos que le afectan. Que el poema del cubano Virgilio Piñera La isla en peso y su “maldita circunstancia del agua por todas partes” encabezara los pensamientos de la artista en ese momento es una clave de que este helado es también un arma. Si bien es cierto que esa “maldita circunstancia” determina mucho de la configuración y poética del helado, en su favor y desmedro, lo que Quisqueya logra rescatar de su construcción son las incongruencias y los silencios. En esas brechas entre el Mar de los Sargazos y el Canal de la Mona es que se encuentra el argumento de este helado. La acción de concebir, producir y compartir el helado de mar es también la de dosificar –entre quienes gustosamente nos prestamos– sus dudas, certezas y referencias sobre ese cuerpo fluido. Y entre estas nociones que se comparten por el gusto está la percepción del mar como fuente de historias. Las usuales características de fluidez, movimiento infinito, capacidad de cambio y trasiego que se le adjudican son complementadas en esta acción por las nociones de reclusión, exclusión y aislamiento.

Yo he convivido con y experimentado varias versiones del mismo helado. En el Centro León tenemos una de las piezas fotográficas resultantes de la acción que ha estado en la colección permanente desde que fuera reconocida en un Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. Miles de personas han desfilado frente a esta imagen. En todos estos años he escuchado múltiples lecturas e historias a propósito de ella. Yo he construido las mías, que cuentan, en algunos casos, con la aprobación de Quisqueya. Esta es solo una de ellas.

Notas sobre la elaboración
del helado

por Quisqueya Henríquez

Solo era una nota en una libreta de ideas. Peter Doroshenko (en ese momento director de INOVA (Institute of Visual Arts) de la Universidad de Wisconsin–Milwaukee) y yo repasamos las páginas en las que escribía los proyectos que quería realizar en el año que recién comenzaba, el 2002. Estábamos en la feria ArcoMadrid y sobre el suelo alfombrado nos sentamos a dilucidar cual de todas mis ideas era la más adecuada para su concepto curatorial. Me sorprendió lo arriesgado de la selección, cuando se trataba de una exposición en el marco espacio temporal de una feria de arte. De regreso a República Dominicana, no pude pensar en otra cosa que no fuera en la complejidad de la realización de un helado salado, y más complejo aún, un helado de agua de mar Caribe.

La primera versión, y por consecuencia todas las demás, se logró con la visión de Claude Douyon y el ingeniero químico a cargo de Helados Nevada. Claude Duyon era galerista de arte y heladero, una combinación mágica que obró a favor de que el helado, y por ende la pieza, se lograran. No tuve que decirle dos veces. A los 15 días de mi llegada de España, su fábrica estaba elaborando las primeras pruebas. Maceramos algas para acentuar el sabor a mar, agregamos suero de leche para lograr la consistencia que queríamos, luego añadimos los estabilizadores, y por último las pruebas de color. Se prepararon dos lotes, uno fallido debido a la presencia de bacterias y el segundo resultó estar listo para su consumo, incluyendo la reducción al 3% de grasa, con el fin de que pudiese ser exportado bajo las reglas del Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos.

Transportarlo desde Santo Domingo a Chicago no dejaba de preocuparme. Pronto comenzaron las diligencias y las llamadas para conseguir que el helado llegara sin derretirse a su destino. La única posibilidad era un avión privado donde cupiera una hielera, en la cual, a su vez, debían caber las cuatro pintas rodeadas de hielo seco, según lo aconsejado por expertos en la materia. Tomamos el avión con destino a Chicago con escala en Nueva York. Por razones antes descritas, la hielera con su contenido, pernoctó en los congeladores de la cocina del Hotel Carlyle, donde los propietarios del avión eran también propietarios de un apartamento. Esa noche "la libramos", como la "la libramos" al otro día cuando llegamos a Chicago en horas del mediodía sin que el helado de agua de mar Caribe se derritiera.

Para la segunda versión de la obra Helado de agua de mar Caribe realizada en el año 2007 para la exhibición titulada El mundo de afuera, en el Bronx Museum of the Arts, la estrategia para la elaboración y exportación del helado cambió. Decido enviar solo el agua, en lugar del helado ya hecho. Contenido el líquido en 4 galones dentro de una caja, me dirigí a Fedex, y luego de pagar por la tarifa next day, el agua de mar Caribe llegó al museo al otro día de ser enviada. Amy Rosenblum Martín, curadora de la muestra, recibió sin percances el paquete. Yo llegué un día o dos después. Todo -el personal y los equipos- en Delicioso Helado Coco, la compañía que aceptó nuestra propuesta para la elaboración del helado, estaba listo para comenzar a mezclar los ingredientes. La versión Bronx incluyó aceite de coco y ron, dos ingredientes más que no estaban en la receta inicial de 2002.

Silvia Karman Cubiñá
Curadora

Vive y trabaja en Miami. Es Directora ejecutiva y Curadora en jefe de The Bass en Miami Beach desde 2008. Anteriormente se desempeñó como directora de The Moore Space por siete años. Ha brindado numerosas conferencias, participado en paneles y como jurado de comités de selección en el Premio Hugo Boss, el Museo Guggenheim y la Bienal de Lyon.

Peter Doroshenko
Curador

Vive y trabaja en Dallas. Actualmente es Director Ejecutivo de Dallas Contemporary. Ocupó posiciones de curador y director en diversas instituciones, como Baltic Centre for Contemporary Art, Inglaterra; SMAK - Stedelijk Museum voor Actuele Kunst, Bélgica; e inova (Institute of Visual Arts), Milwaukee, Estados Unidos.

Peter Doroshenko y Silvia Karman Cubiñá conversan sobre la presentación del helado en el contexto de la exposición Metrópolis, un proyecto especial de la feria Art Chicago 2002, curado por el propio Doroshenko. Destacan especialmente que la acción de Quisqueya Henríquez sintonizó completamente con el espíritu comunitario diverso –encabezado por los grupos latinos– que existía en esos años en las ciudades de Milwaukee y Chicago. Rememoran además las dificultades de producción que surgieron, la apariencia artificial que tenía el helado y la vinculan con una pregunta que surge a partir del film 2001, de Stanley Kubrick: ¿por qué no hay más comida azul en el mundo?

“Realizábamos comisiones en las que los artistas pudieran reflejar a la comunidad y su entorno (…), crear un nuevo arte para nuevas audiencias, o para un nuevo conjunto de audiencias jóvenes. Quisqueya fue parte de eso por lo que significó para nuestra comunidad, en la que hay una gran comunidad caribeña y latinoamericana con la que definitivamente queríamos vincularnos".

Amy Rosenblum Martín
Curadora

Vive y trabaja en Nueva York. Es MoMA PS1 Guest Assistant Curator de la exposición “Marking Time: Art in the Age of Mass Incarceration” (de Nicole Fleetwood). Curó las exposiciones “Ana Mendieta: Thinking about Children’s Thinking” (Sugar Hill Children’s Museum, 2017-18), “Marisa Morán Jahn: Bibliobandido” (Sugar Hill, 2018) y “Quisqueya Henríquez: The World Outside” (Bronx Museum, itineró al PAMM, 2007-08). Estudió en Oberlin, Universidad de Buenos Aires y Columbia, donde presentó la tesis “Inverted Envy: Lucio Fontana and the Argentinean Avant Garde of the 1940s” (2002).

Rosenblum-Martín repasa los diversos proyectos en los que trabajó junto a Quisqueya Henríquez desde 1996 hasta el 2007, cuando fue curadora en el Bronx Museum de la muestra retrospectiva de Henríquez, The World Outside: A Survey Exhibition. Rosenblum cuenta cómo fueron la producción y la presentación del Helado en ese contexto, señalando que mucha gente al comienzo no se animó a probarlo. Explica, además, la sutil reflexión sobre el colonialismo y las migraciones que propone la obra.

“El helado tenía un sabor complejo, y eso era importante para comunicar una serie de ideas. Y una de las ideas era una crítica a la idea turística del mar Caribe, que hace eco con el colonialismo, y también incluía la peligrosidad de la migración sobre esas aguas”.

René Morales
Curador

Vive y trabaja en Miami. Actualmente se desempeña como Director de Asuntos Curatoriales y Curador en Jefe en Pérez Art Museum Miami, donde ha organizado más de 50 exposiciones. Entre sus proyectos recientes se encuentran Christo and Jeanne-Claude: Surrounded Islands, 1980–83 (2018), Dara Friedman: Perfect Stranger (2017), Sarah Oppenheimer: S-281913 (2016), Susan Hiller: Lost and Found (2016), Marjetica Potrc: The School of the Forest (2015), Amelia Peláez: The Craft of Modernity, and Monika Sosnowska: Market (2013–14).

René Morales sostiene que la pieza remite al “mito de la insularidad” que ha perseguido al Caribe desde los orígenes del colonialismo y, en este sentido, destaca el rol fundamental que tuvo en la concepción de la muestra Island Nations, presentada en el RISD Museum en 2004. Morales recuerda claramente el sabor del helado a pesar de no estar seguro de haberlo probado: había pensado tanto en la pieza que tenía una preconcepción exacta de cuál debería ser su sabor. Además, vincula a la obra con la idea de Caribe como un complejo de contradicciones que no se pueden resolver.

“La insularidad no es una condición geográfica, tanto como una condición política, socioeconómica y psicológica. No es solo el mar lo que separa a la región del mundo de afuera, sino los estereotipos, las preconcepciones, las políticas migratorias, los bloqueos y las distorsiones de la industria turística”.  

Maggie Miqueo
Coleccionista

Vive y trabaja entre Santo Domingo y Cosón, Samaná, República Dominicana. Abogada especializada en finanzas públicas, egresada de Columbia University (B.A. cum laude) y New York University School of Law (J.D.). Desde 1999, administra inversiones familiares y forma parte del consejo de directores de empresas privadas y ONGs en las áreas de derechos de la mujer y salud pública internacional.

Maggie Miqueo recuerda su colaboración logística para que se concretara el traslado de Helado de agua de mar Caribe a los Estados Unidos con motivo de su exhibición en el Bronx Museum. Miqueo destaca las dificultades que planteó la operación y enmarca a la pieza junto con otros proyectos de Quisqueya Henríquez. En especial, la vincula a Lucha térmica y Ropa congelada (ambas de 2001), destacando el poder contestatario de los choques (frío-calor, salado-dulce, realidad-imaginación) que plantea esta serie de obras.

“Se dice que la degustación comienza por los ojos, luego el olfato, y continúa en boca. Este helado definitivamente crea una explosión en boca. Una explosión de todas las ideas que hay sobre el Caribe que resultan no ser, o ser vastamente diferentes; o, en todo caso, inviablemente enmarcadas en los límites asfixiantes de los estereotipos”.

Archivo 1 >
El helado y sus circunstancias

Este componente del archivo contiene cuatro núcleos escritos por Quisqueya Henríquez: ideas, procesos, exposición y editorial. Ideas contiene el planteamiento de la artista sobre el origen contextual de la obra. Procesos incluye las referencias cromáticas, el proceso de colección de agua y la elaboración del helado. La exposición abarca imágenes de su primera acción en lo público, y el apartado editorial presenta un ensayo comisionado por Gabriela Rangel a Isabela Villanueva en 2007, Tasting the Caribbean: The Art of Quisqueya Henríquez, junto a otros dos textos de las críticas Rachel Somerstein y Amy Rosenblum Martín.

1.1. IDEAS: MIRADA AL SUR

Durante el proceso de pruebas y ajustes de los ingredientes tomé fotografías que luego se convirtieron en obras en sí mismas.

Imagen: Helado de agua de mar Caribe. De la serie Burlas, 2002. Fotografía digital. 101 x 101 cm. Premio XIX Concurso de Arte Eduardo León Jimenes. Colección Eduardo León Jimenes de Artes Visuales. Centro León.

1.2. PROCESOS: REFERENTES CROMÁTICOS

Estas imágenes son el resultado del viaje en helicóptero sobre las aguas de La Caleta –en la provincia de Santo Domingo, República Dominicana– sitio de referencia constante para descripciones exotizantes del azul azufre del mar Caribe en profundidades bajas. Por su cercanía al Aeropuerto Internacional de Las Américas, este lugar es la bienvenida y la despedida de quienes vienen y se van de la isla.

Fotografías: Robert John Álvarez.

1.3. PROCESOS: RECOLECCIÓN DEL AGUA

Toma de agua en el 2007 utilizada en la versión de Helado de agua de mar Caribe realizada para la exposición The World Outside (El mundo de afuera) (Bronx Museum of the Arts, septiembre 2007-enero 2008; y Pérez Art Museum Miami, abril-julio 2008).

Salimos de la provincia La Romana, al este de la isla, en la embarcación a motor de nombre Nikita. Gianfranco Fini, arquitecto y artista, estaba al mando del recorrido. Nos dirigimos en dirección suroeste hacia mar abierto. Nos detuvimos a unas 18 millas náuticas para colectar el agua, la materia prima principal para la elaboración del helado. Esta parada tuvo lugar en las coordenadas 17° 326’ 20” norte y 68° 58’ 860” oeste. A partir de este punto se evitaba una posible contaminación de las aguas.

Fotografías: Lowell Whippel / Gianfranco Finni.

1.4. PROCESOS: ELABORACIÓN DEL HELADO

Elaboración del helado para la segunda versión de la obra en la exhibición The World Outside, en el Bronx Museum. Ingredientes: Agua de mar Caribe, suero de leche, aceite de coco, estabilizadores autorizados, alga macerada, colorante alimentario azul #6. Para esta versión añadí ron dominicano.

Fotografía: Amy Rosenblum Martín.

Archivo 2 >
Declaración de intenciones

por Quisqueya Henríquez

A finales de los 1990 regreso a vivir a República Dominicana desde Estados Unidos. Un viaje a la inversa del flujo migratorio hacia el norte, un viaje que redefine toda mi práctica a partir de las problemáticas propias del contexto y una mirada más aguda sobre aspectos históricos, sociales y culturales de República Dominicana y el Caribe.

El mar Caribe me pareció un tema con muchos ángulos para explorar. Me interesaba desdramatizar la carga emotiva de la insularidad, desestabilizar imaginarios, crear un relato inesperado. Lo pensé como una experiencia, como un intercambio con el público. Quería una obra comestible, algo cercano a lo doméstico, un sabor salado cuando se espera que sea dulce, un cambio en las reglas, una estocada a las nociones preconcebidas.

El paladar a prueba saboreando una circunstancia geográfica.

Lo efímero es vital en esta obra. En la propia naturaleza de la pieza está implícito el desafío de mantener una consistencia que depende del descenso de temperaturas.

Archivo 3 >
Registro de la acción

Archivo 4 >
Otras obras de la serie Burlas

Presentamos aquí tres piezas de Quisqueya Henríquez vinculadas conceptualmente al helado y que forman parte de la misma serie. Sirven de marco de referencia al Helado de agua de mar Caribe dentro de su cuerpo de trabajo.

Helado de agua de mar Caribe pertenece a la Serie Burlas, un núcleo de obras que exploran algunas de las visiones que se han conformado en torno al trópico, específicamente sobre el Caribe. Desde los refranes o clichés sobre la temperatura ambiental y el pensamiento determinista, hasta la relación con la luz, el sol, el paisaje y el mar, así como la visión del turista y otros factores que conforman un discurso lleno de estereotipos.

La serie Burlas propone un diálogo con los discursos que se estructuraron en décadas anteriores en torno a y desde la insularidad caribeña. Son ideas que se ubican y se construyen desde la parodia, entre lo cultural, lo geopolítico y el factor climático. Son trabajos que actúan desde la ironía y el humor, que gravitan alrededor del poema La isla en peso (1943) del escritor cubano Virgilio Piñera y, sobre todo, de su fragmento inicial: “La maldita circunstancia del agua por todas partes…”.

A esta serie de 2001-2001 pertenecen obras como Ropa congelada, Lucha térmica, y El sabor de los estereotipos, entre otras.

Imagen: Quisqueya Henríquez, Sangre congelada. De la serie Burlas, 2001. Fotografía digital. 101.6 x 101.6 cm.

4.1. ROPA CONGELADA

De la serie Burlas, 2001.
Fotografía digital.
35 impresiones de 25.4 x 30.5 cm c/u.
Edición de 5.

4.2. EL SABOR DE LOS ESTEREOTIPOS

De la serie Burlas, 2001.
Vídeo instalación de medidas variables.
Duración: 14:34 minutos.
Edición de 5.

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4.3. LUCHA TÉRMICA

De la serie Burlas, 2001.
Fotografía digital.
8 impresiones de 25.4 x 30.5 cm c/u.
Edición de 5.

Archivo 5 >
Cronología inexacta:
intervenciones y turbulencias

Esta sección incluye siete observaciones de Quisqueya Henríquez sobre hechos históricos y construcciones socioculturales que conectan como fuentes conceptuales del Helado de agua de mar Caribe.

Imagen: Quisqueya Henríquez. Línea de horizonte, de la serie Espacio público, 2005.
Fotografía digital. 34'' x 45''. Edición de 3.

5.1. RESPETO AL MAR, MIEDO AL OTRO

Mencionar el mar, reconocer su presencia, es en territorios insulares un acto de valentía o de profunda dependencia. Presencia colonial, piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. Durante siglos, el mar fue el medio y vehículo de todo.

Imagen: Mapa de la isla. c. S XVIII. Archivo familiar Henríquez Cruz.

5.2. DOMINACIÓN Y GEOPOLÍTICA

Presencia militar, ocupaciones e intervenciones de Estados Unidos a República Dominicana en tres ocasiones: 1904, 1916 y 1965. Apreciación estratégica de la región como la "tercera frontera” o "perímetro de defensa" como la denomina el historiador Jorge Rodríguez Beruff.

Imagen: USS Olympia, desde donde se anunció la ocupación norteamericana de 1916. Archivo General de la Nación, Santo Domingo, República Dominicana.

5.3. TURBULENCIA POLÍTICA

Tutela política militar norteamericana a República Dominicana, que incluye la "doctrina contrainsurgente" enfocada en los movimientos radicales de oposición. Esta tutela se extiende hasta la década de los 1980 y el principio del fin de la Guerra Fría, década en que se redefine como “guerra de baja intensidad” (GBI).

Imagen: Archivo familiar Henríquez Cruz.

5.4. LA TURBULENCIA DEL MAR
Y DE ESPALDAS AL MAR

Luego de siglos siendo una ciudad principalmente de intramuros, limitada por una muralla levantada a partir del siglo XVI, en 1920 se construye "el placer de los estudios", el primer gesto de apertura hacia el mar de la ciudad de Santo Domingo. Bajo ese mismo esquema, en la década de 1940 las fachadas de las casas de la burguesía urbana de Santo Domingo se construyen de espaldas al mar y a lo largo del litoral sur de la ciudad. Este fenómeno es atribuible a la inclemencia de los huracanes, la altísima salinidad del mar Caribe, y la psiquis propia de un isleño antillano que se fue conformando entre la herencia colonial y el surgimiento del estado-nación.

Imagen: Archivo General de la Nación. Santo Domingo, República Dominicana.

5.5. EL MAR, DISPOSITIVO FOLCLÓRICO

Un idilio efímero alrededor de la década de 1970. Una relación cercana a la resignación, y que tiene mucho que ver con una "periferia estable". Momento histórico que también está enmarcado por discursos de resistencia desde el arte y la literatura, como respuesta a la "era de plomo" de los primeros 12 años de Joaquín Balaguer en el poder –antiguo colaborador cercano del dictador Rafael Leónidas Trujillo–, quien fue responsable por el asesinato de más de 4.000 dominicanos, entre ellos, pensadores y líderes de izquierda. Esta mirada idealizada se interrumpe con el drama migratorio con el que inicia la década de 1980.

Imagen: Justo Susana. Sin título. 1975. Acrílico sobre lienzo. Colección Tamara y Juan Julio Bodden.

5.6. TURBULENCIAS SOCIALES:
LAS "NUEVAS AMENAZAS"
MIGRACIÓN, CONTRABANDO Y NARCOTRÁFICO

El 5 de septiembre de 1980, 22 dominicanos indocumentados mueren por asfixia en el tanque de lastre del barco Regina Express. El mismo año tiene lugar el éxodo masivo por el puerto de Mariel de 125.000 cubanos hacia Estados Unidos.

La migración de dominicanos hacia Puerto Rico y Estados Unidos se incrementa durante la década de los 90, sobre todo con el auge de los viajes ilegales a través del Canal de la Mona. En el año 1994, cientos de miles de balseros cubanos (362,000) salen del malecón de La Habana por el Estrecho de la Florida hacia Miami, en lo que se conoce como La Crisis de los Balseros o el Tercer Éxodo desde Cuba.

Actualmente se efectúan aproximadamente 100 viajes anuales desde las costas occidentales de República Dominicana con el objetivo de llevar ilícitamente a un promedio de 80 tripulantes por embarcación, a las costas orientales de Puerto Rico. Los viajes pueden ser en yola –una embarcación precaria de madera– o en lancha de fibra de vidrio con motor. En la primera el viaje es más lento, barato y peligroso, en la segunda el viaje es más corto y caro, pero menos arriesgado.

El 9 de julio de 2020 fueron repatriados 87 inmigrantes desde Puerto Rico a República Dominicana, luego de que la Operación Guardia Costera del Caribe (CBIG, en inglés) interceptara las tres embarcaciones en las que se efectuaban los viajes clandestinos.

Imágenes: Embarcación saliendo del puerto Mariel, 1980, y portada de Listín Diario, 6 de septiembre de 1980.

5.7. CONMEMORAR, NO CELEBRAR

Esta fue la aclaración histórica demandada por el artista Silvano Lora a la prensa, luego de su acción performática en protesta por la ausencia del elemento indígena en la celebración del V Centenario del denominado “descubrimiento” de América. Para dicha ocasión llegan a Santo Domingo réplicas de las embarcaciones La Pinta, La Niña y La Santa María. Silvano configura una respuesta política al esquema pro-hispanista, a través del gesto de replicar un cayuco –la embarcación pequeña y sin quilla que se utiliza en las Antillas– para llevar a cabo su acción.

Imagen: Silvano Lora durante su acción en las aguas frente a la avenida del puerto de Santo Domingo en octubre de 1992. Fotografía: Carlos Santos. Cortesía de la Fundación Silvano Lora.

Archivo 6 >
Textos relacionados



Presentamos aquí tres ensayos críticos sobre la obra de Quisqueya Henríquez y Helado de agua de mar Caribe.

6.1. Isabela Villanueva. "Tasting the Caribbean: The Art of Quisqueya Henríquez". Review: Literature and Arts of the Americas 74, mayo de 2007, p. 106-110.
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6.2. Rachel Somerstein. "The Other Side of Paradise". Artnews, septiembre de 2007, p 122-123.
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6.3. Amy Rosenblum Martín. "Quisqueya Henríquez and The World Outside". Catálogo de la exposición The World Outside A Survey Exhibition 1991-2007. The Bronx Museum of The Arts, 2007.
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