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Notas de campo #01
Un hallazgo en Jáchal

Juan José Rustán, paleontólogo

En una zona cercana a la localidad de Jáchal, en la provincia de San Juan, Irene Kopelman, los investigadores Emilio Vaccari, Miguel Ezpeleta y Juan José Rustán y los técnicos Ivana Tapia y Santiago Druetta, observaron un slump, un pliegue de una capa de roca producido durante el proceso de sedimentación que la originó, de 320 millones de años. Durante algunas jornadas de trabajo, la artista documentó en video el proceso de toma del molde para luego producir una escultura que se expone en la sala de Malba.

Irene Kopelman Jáchal Córdoba

Sobre esta experiencia, cuenta Juan José Rustán: “Mi especialidad de investigación como Paleontólogo son las faunas que vivieron en mares de un pasado muy remoto, hace unos 400 millones de años (a mediados de la Era Paleozoica). Como ocurre con cualquier forma de vida extinguida, para su estudio es imprescindible conseguir sus fósiles. Así es que habitualmente organizamos expediciones paleontológicas y geológicas a las montañas para buscar fósiles en las rocas del tipo apropiado, formadas a partir de los sedimentos del fondo marino. Las rocas y los fósiles contienen un conjunto formidable de información para reconstruir la historia de la vida y el planeta. La combinación de datos científicos y un poco de imaginación, nos permite viajar al pasado y disfrutar con la contemplación de ecosistemas que desaparecieron para siempre en un planeta algo más joven y mucho más extraño. Es difícil explicar las profundas emociones que despierta el hallazgo de fósiles, incluso más allá de lo científico".

Fósiles

"En plena expedición bajo el sol de majestuosos páramos desérticos, siempre es cautivante reconocer los restos de un animal extinguido que nos cuenta cómo eran los pormenores de su vida, cuando todo estaba cubierto por el mar. Pero en ocasiones excepcionales, todo impulso inicial de una aproximación analítica con fines de estudio se ve neutralizada cuando la naturaleza nos expone al descubrimiento de ejemplares excepcionales, bellísimamente preservados con el detalle más exquisito, y uno queda atónito y boquiabierto, reducido a un miembro más de un club de fanáticos de las Ciencias Naturales. A los geólogos les suele ocurrir lo mismo con las rocas y es muy común que la familia se rehúse terminantemente a ver la interminable sucesión de ‘hermosas fotos de campo’, que uno genera irracionalmente en semejante estado de trance”.

Irene Kopelman Jáchal Córdoba

“En mi caso, este conjunto de experiencias y sensaciones en el terreno, particularmente en la Precordillera de la provincia de San Juan donde hice mi tesis doctoral, fue siempre el principal movilizador emocional. Jamás se me hubiera ocurrido que alguien pudiera ver exactamente lo mismo que yo y emocionarse de la misma manera pero interpretando todo el potencial de las maravillas de la naturaleza desde una perspectiva exclusivamente artística. Tuve la oportunidad de comprobar la existencia de tal dimensión paralela, cuando Irene Kopelman se sumó a nuestra expedición algo al norte de Jáchal en San Juan, en el otoño de 2017, junto con el geólogo Miguel Ezpeleta, el paleontólogo Emilio Vaccari, y nuestros técnicos en Paleontología Ivana Tapia y Santiago Druetta, todos del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (CONICET-Universidad Nacional de Córdoba). En esa oportunidad íbamos a explorar una serie de estratos de roca a los fines de averiguar las condiciones de depositación de los sedimentos y encontrar fósiles que nos ayudaran a precisar mejor su edad. Pero en esa comarca, con un microclima algo más húmedo (para los estándares sanjuaninos), la vegetación espinosa gusta de maltratar psicológica y físicamente a los naturalistas, ocultando los afloramientos y martirizándolos con dolorosos pinchazos”.

“Desde mi perspectiva, sinceramente, la campaña no estaba yendo muy bien que digamos. No había nada de fósiles y las rocas nos contaban un cuento acerca de su origen que ya conocíamos muy bien. En un momento, en una de las mil quebraditas, pasamos al lado de una capa de roca de unos veinte centímetros de espesor, que mostraba un pequeño plegamiento. En un tramo de unos tres o cuatro metros, la roca areniscosa de color castaño estaba contorsionada y presentaba en su parte inferior una serie de típicos mamelones de calcado de la superficie de sedimentación. Nuestro geólogo de cabecera, Miguel Ezpeleta, rápidamente la identificó como un “slump”, una estructura de deformación bastante frecuente, producida mientras las capas de sedimentos se estaban acomodando y compactando hasta definirse, todavía en estado plástico. Por supuesto, los paleontólogos le pasamos por encima casi con desdén, luego de comprobar que no contenía fósiles. Pero la reacción de Irene fue completamente distinta. En cuanto vio el pliegue, quedó atrapada en una especie de idilio de inspiración instantáneo. Hincada, en un acto prácticamente de reverencia, tomó sus útiles y se entregó inmediatamente a bosquejar “las formas maravillosas” que se le revelaban. Yo la miraba realmente intrigado, mientras martillaba otros estratos adyacentes sin mucha esperanza, siempre consciente de que la dichosa capa no contenía fósiles. No sé exactamente cómo fue el proceso que a continuación, nos condujo desde un moderado abatimiento a causa de los magros resultados científicos de la campaña, hasta una suerte de euforia mientras Irene analizaba la factibilidad de un proyecto de arte que implicaba un viaje posterior para tomar un molde del bendito pliegue, a los fines de una exposición en el Malba”.

Irene Kopelman Jáchal Córdoba

“La cuestión es que unos pocos meses después, yo me encontraba trepando nuevamente las lomas infestadas de cactus porfiados, acarreando yeso y bidones de agua, en un acto de sublime ofrenda humana a las deidades del arte. El proyecto artístico de Irene era una realidad. La colaboración en este proyecto, mientras aprovechábamos para explorar en busca de fósiles otras áreas cercanas de interés, resultó una experiencia completamente novedosa y estimulante para mí. Yo estaba seguro (porque lo sentía, no porque lo razonara) de que semejante interacción humana e interdisciplinaria amalgamaba armoniosamente una combinación privilegiada de ingredientes que incluía el acceso descarnado a nuevos conocimientos, pero desde una lógica diferente aunque igualmente efectiva para abordar la realidad. Toda la experiencia adquiría un cariz de irrealidad, cuando pensaba que el objetivo final consistía en una exposición de arte destinada a un público amplísimo. En esta segunda oportunidad, una gratificación adicional vino en la forma de un rico yacimiento de fósiles completamente novedosos, que tengo en mi escritorio justo ahora bajo estudio, y que para mí representan un cierre perfecto para esta historia inusual e inigualable”.

Irene Kopelman: Puntos cardinales

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Notas de campo compila una serie de textos, testimonios e imágenes producidos a partir del trabajo de los científicos que acompañaron a la artista Irene Kopelman en sus expediciones a lo largo del territorio argentino, en el marco del proyecto Puntos cardinales.

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Irene Kopelman
Puntos cardinales

Un proyecto colaborativo, que surge de diferentes expediciones de la artista junto a científicos, biólogos y geólogos a diversas zonas de la Argentina.

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Notas de campo #02
Nierembergia

Con el apoyo del Laboratorio de Ecología Evolutiva y Biología Floral, Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET–UNC), y junto a los biólogos Alicia Sérsic, Constanza Maubecin y Nicolás Rocamundi, Irene Kopelman viajó al litoral argentino para investigar un género de plantas denominado Nierembergia (Solanaceae).

Alicia Sersic, Constanza Maubecin y Nicolás Rocamundi, biólogos