Diario
Educación

Tres preguntas
a Diogo de Moraes

Por Renata Cervetto

En el marco de las jornadas Hábitos de aprendizaje. Desafíos en común, el artista y educador brasileño Diogo de Moraes fue invitado especialmente para desarrollar una documentación especial, donde la mediación cobra un rol de observación y de-codificación y se traduce en pequeños dibujos. En la siguiente entrevista, de Moraes da cuenta de cómo trabaja este vínculo con el público y qué aspectos corporales y del habla le interesa destacar fuera y dentro del marco institucional.

¿Qué son los "Diários do busão: visitas escolares a instituções artísticas" y cómo empezaste a realizarlos? ¿Bajo qué preguntas surge este tipo de documentación en tu práctica como artista y educador?

Inicié Diário do busão: visitas escolares a instituições artísticas [Diario de autobús: visitas escolares a instituciones artísticas] en 2015, a modo de experimento combinando la práctica artística y la del mediador. Tal maniobra presupone el uso, la modulación y la resignificación de procedimientos y repertorios que vengo desarrollando durante los últimos doce años en mis trayectorias simultáneas como creador artístico y mediador cultural. Esto también forma parte de mi investigación de maestrado: Públicos em emergência: modos de usar ofertas institucionais e práticas artísticas [Públicos en emergencia: modos de usar ofertas institucionales y prácticas artísticas]. Su elaboración da cuenta de mi infiltración en los ómnibus que trasladan a grupos de estudiantes de escuelas públicas situadas en áreas periféricas a instituciones de arte que se concentran en el centro de la ciudad de San Pablo. La opción de acompañar al grupo en los momentos de embarque y desembarque de la escuela, más allá de la visita a la exposición, se debe a que la visita en sí no se limita solo al tiempo de permanencia en un ámbito nuevo y desconocido para el grupo. El “antes” y el “después” de la visita a la institución artística son cruciales, ya que ahí se verbalizan las expectativas de los chicos y chicas sobre aquello que encontrarán, mientras que al regreso se expresan sus percepciones y opiniones acerca de lo que acaban de ver y vivenciar durante el transcurso del recorrido.

En este acompañamiento asumo un papel de no intervención –al menos con los estudiantes– y me dedico a realizar durante la visita breves anotaciones y esquemas en un bloc de papel un poco mayor a la palma de mi mano. Posteriormente, esos mismos registros gráficos funcionan como referencias para un ejercicio de traducción textual y visual de ciertas escenas que veo y comentarios que escucho. Evidentemente, eso implica la reescritura y el rediseño de los pasajes anotados, en un proceso que combina hechos y ficción. El Diario busca, por lo tanto, atravesar un modelo pedagógico-organizacional. Con este modelo me refiero a aquellas visitas conducidas por profesionales de departamentos de educación, que si bien buscan, por un lado, proporcionar un cierto goce de las obras respaldado por abordajes e instrumentos educativos, por otro lado, invisibilizan respuestas incómodas o reacciones ruidosas de los estudiantes frente a lo que les es planteado. Con el Diario busco hacer visible esos desacuerdos o momentos fuera del “guion” que surgen en las visitas.

Diogo de Moraes

¿Cómo podrías definir la mediación documental y qué rescatas de tu experiencia durante las jornadas "Hábitos de aprendizaje. Desafíos en común"? ¿En qué se diferenció este trabajo de los Diarios?

En tanto práctica documental, el Diario funciona como un compendio de imágenes que trabaja a la inversa de los registros institucionales convencionales, generalmente producidos mediante fotografías, video o texto, y publicados en páginas web, revistas, catálogos, plataformas audiovisuales, libros, etc. Al retratar a los estudiantes de forma positiva o durante momentos de disfrute, estas “piezas publicitarias” sirven principalmente para apoyar aquello que la institución quiere promocionar. Al dar visibilidad solo a esa fase de la interacción, estas documentaciones obscurecen aquello que los estudiantes podrían llegar a expresar o comunicar basados en otras premisas y deseos, aquello que podría tornar esta relación en bi-direccional y potenciar el disenso. Al abstenerse solo al registro, edición y propagación de escenas afirmativas del trabajo institucional, este tipo de documentación de vivencias pedagógicas ofusca lo que podría ser la emergencia de otras disposiciones, intereses, códigos y saberes manifiestos por los destinatarios de la oferta. Por mi parte, me interesa romper con los límites de esa iconografía oficial de carácter publicitario, haciendo que ella sea ocupada por otras escenas y otros imaginarios.

Para las jornadas “Hábitos de aprendizaje”, procuré poner en práctica un procedimiento documental similar, anclado en otro contexto y comprometido con otros propósitos. Entre ellos, destacaría la posibilidad de concebir traducciones visuales para situaciones y enunciados que surgieron durante los encuentros, tanto de parte de los talleristas como del público. Entiendo que esas traducciones representan emblemas fragmentarios imbuidos de formas alternativas de producción de conocimiento. Ese tipo de ejercicio de mediación presupone apertura y atención a las contingencias de cada ocasión, lo que requiere disponibilidad para manejar y comprobar el resultado de las “cosas extrañas” que surgen de los momentos de interacción e intercambio, para usar una acepción del antropólogo Bruno Latour sobre la naturaleza de la mediación. Esas “cosas extrañas” y los correspondientes formas de actuación de las personas involucradas en las Jornadas se manifestaban en una duración temporal. Luego, no contaban con soportes materiales y espaciales capaces de propiciar la reflexión y hacer resonar, en esos momentos puntuales, los gestos realizados y los enunciados formulados durante las actividades. De ahí que la mediación como práctica documental se ocupa de inventar lenguajes y soportes capaces de reflejar materialmente lo que surge de esos instantes, posibilitando que aquello que allí se formuló o apenas se manifiesta como un ruido pueda circular en otros contextos y temporalidades, produciendo nuevos públicos.

Diogo de Moraes

Dado que se trata de una mediación en silencio, ¿qué tipo de vínculos se pueden establecer con las personas durante este proceso? ¿Cómo definirías tu rol?

En el ámbito del Diario, mi presencia durante los itinerarios en bus y los recorridos por las exposiciones se da de una forma decididamente inusitada, dado que no ejerzo una función ni de profesor, ni de guía turístico ni tampoco de mediador institucional, sino de alguien que “simplemente” tomas notas en un pequeño bloc de papel. No es parte de mi acompañamiento de las visitas intervenir con ningún tipo de propuesta destinada al grupo. En lugar de eso, me limito a estar presente y atento a aquello que pasa durante el transcurso de las visitas, dejando a un lado las propuestas pedagógicas que podrían surgir de mí. Me coloco, sobretodo, en posición de público de las performatividades y discursividades de los estudiantes y sus profesores, registrándolas y ensayando formas de traducirlas y difundirlas. Se trata de una opción justificada por el hecho de que el trabajo del Diario se concentra en mi interposición frente a una situación pedagógica y un formato de organización consagrado: las visitas guiadas ofrecidas por las instituciones artísticas por medio de sus programas educativos, sistemáticamente utilizadas por las escuelas como parte de sus actividades externas.

En lugar de comprometerse con el binomio conexión-inclusión, la modalidad de mediación ejercida puesta en juego por el Diario funciona como una práctica documental dedicada al sondeo, traducción y circulación de los índices que resultan de los encuentros y desencuentros de los públicos escolares con los bienes artístico-culturales difundidos por las instituciones, así como los discursos y convenciones que los median. Tal disposición se relaciona con la idea de que las experiencias de aprendizaje no se deben restringir a la instancia de los públicos, en la medida que estos también pueden direccionar las instituciones y sus agentes (gestores, curadores, educadores, mediadores y artistas) con una gama de acciones, saberes, problemáticas y otras agendas, provocando situaciones de aprendizaje mutuo o, para usar la expresión del mediador Javier Montero, una “conversación cultural compleja”. Por lo tanto, en vez de concebir a los estudiantes como “público objetivo” de nuestra propuesta, el Diario busca poner sus discursividades y performatividades frente a aquello que les es ofrecido; que a su vez puede regresar a los propios agentes del circuito artístico-cultural, en una trayectoria similar al boomerang. O sea, si la institución hace proposiciones en dirección a sus públicos, que ella también se abra y sea afectada por el movimiento contrario, correspondiente a los diferentes usos que los públicos hacen de esas mismas proposiciones.

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Diogo de Moraes es un mediador cultural y artista visual. Se desempeña como asistente técnico cultural en el Sesc de San Pablo. Como mediador, colabora con el grupo "Mediação Extrainstitucional" y coordinó el Núcleo Educativo do Paço das Artes. Como artista, es representado por la Galeria Virgilio.  Actualmente se encuentra trabajando en su tesis de maestría “Públicos en emergencia: modos de usar ofertas institucionales y prácticas artísticas”, en el programa de Poéticas Visuais da Escola de Comunicações e Artes de la Universidad de San Pablo.

Renata Cervetto es la Coordinadora del área de Educación de MALBA. 

 

 

 

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