Diario
Exposiciones

Brasil entre las raíces autóctonas y la modernización internacional
Por Victoria Giraudo

En la década del 30, luego de la crisis del 29, que incidió económicamente en la producción de toda la región (en particular, en la economía agro-exportadora cafetera de Brasil), y con la subida de Getúlio Vargas al poder, surgió una preocupación mayor por lo social, por el ser humano y lo popular. Vargas impulsó un estado fuerte “que haga la revolución antes de que el pueblo la haga”, como decía él mismo, que devino en un aparato dictatorial, cuyo fin coincidió con el de de la Segunda Guerra mundial en el 45.

Comenzaba a incidir la figura del crítico de arte Mário Pedrosa, teórico marxista que adhirió al movimiento trotskista en 1929 luego del exilio del líder revolucionario, e impulsó luego una acusación dirigida a los artistas modernos para reducir sus preocupaciones estéticas en pos de un realismo social. En su conferencia “Las tendencias sociales de Käthe Kollwitz” (1933), hacía hincapié en lo que sucedía en la pos guerra europea.

En sintonía, en Buenos Aires, en la conferencia que dio Siqueiros en Amigos del Arte (1933), el temperamental muralista mexicano agitó el ambiente artístico promoviendo el arte mural de carácter político y propagandístico. Antonio Berni, artista con preocupación social, proponía el Nuevo realismo, a partir de grandes lienzos portables por falta de muros públicos, en una pintura marcada por los encuadres del cine soviético y una composición de personajes robustos, con influencias del Novecento italiano.

Lasar Segall, un artista fundamental de la primera modernidad paulista, en los años 30 remarcaba su interés por lo social, lo humano, la condición de los inmigrantes, en composiciones narradas en primera persona por su propia experiencia de exilio debida a sus raíces judías.

Cândido Portinari, al regresar al país en 1932, reflejó en sus pinturas una fuerte preocupación social y nacional en retratos de trabajadores mestizos (el nuevo modelo brasileño), en escenas rurales y festividades populares influenciadas por los metafísicos italianos. Portinari era hijo de italianos, de origen humilde, nacido en una fazenda de café en el Estado de San Pablo. Esto está muy presente en dos telas claves del artista: en Futbol (1935), de la Colección Fadel, y en Fiesta de São João, de MALBA. En ambas obras el fondo compositivo, el espacio plástico y a la vez paisajístico, está realizado en tierras y sombras tostados, el color de la tierra en Minas, la zona rural y minera, y representa escenas del pueblo. Un partido de fútbol como pasatiempo en una cancha sin pasto, que a la vez debe ser potrero de animales y que está vecina a un cementerio, con una gran cruz. Es una escena en tiempo suspendido, melancólica sin ser triste. Su inclinación muralista, bajo el apoyo de Vargas, está presente en numerosos frescos públicos en Brasil y los Estados Unidos.

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Fragmento de la introducción de la curadora Victoria Giraudo a la muestra Antropofagia y Modernidad. Arte brasileño en la Colección Fadel, incluído en el catálogo que acompaña a la exposición. 

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