Manuel
Álvarez
Bravo
Fotografías
13.03—
25.05.2009

Manuel Álvarez Bravo
Fotografías

13.03— 25.05.2009

Cuarenta fotos vintage de un pionero de la fotografía contemporánea en América Latina, que por primera vez se exhiben en forma conjunta en Buenos Aires.

La muestra da cuenta de sus diferentes etapas artísticas entre 1920 y 1947, período del nacionalismo cultural impulsado por la Revolución Mexicana y la creatividad de los muralistas. “Álvarez Bravo se inicia en la fotografía en la hora de las aspiraciones monumentales, de la empresa que se propone educar al pueblo a través de una estética insolente, paternalista, épica y generosa”, escribe Carlos Monsiváis en el ensayo “Los silencios y las voces del paisaje”, que encabeza el catálogo Manuel Álvarez Bravo. Cien años, Cien días; editado en 2002 por Fomento Cultural Banamex, Fundación Televisa, Conaculta-INBA y Turner; en ocasión del cumpleaños número 100 de Álvarez Bravo.

Bautizado como el “fotógrafo de lo mexicano”, Álvarez Bravo expresa en sus composiciones el prototipo de la belleza mexicana, cuyos rostros reflexivos comunican una intensa individualidad. También incluye elementos emblemáticos de su cultura como el sarape, la ofrenda, el agave y la caja mortuoria, entre otros, que revelan las tradiciones implícitas en el modo de vivir de su pueblo.

Para Monsiváis, la pasión por los elementos indígenas, prehispánicos o contemporáneos, es una elección formal y emotiva en el trabajo de Álvarez Bravo. “México es, entre otras cosas, una notable oportunidad temática, es la biografía personal y colectiva, es la historia que sobredetermina y que margina, es el punto de partida de la vocación”, afirma. En línea con las grandes corrientes del arte mexicano del siglo XX –de Rivera a Orozco, de Frida Kahlo a Tamayo, de Ricardo Martínez a Francisco Toledo-, “Álvarez Bravo ve en la mitología prehispánica y la vida indígena dos estímulos perdurables de la renovación interna de su trabajo”, concluye Monsiváis.

El conjunto de fotografías que integran esta exposición refleja la maestría de Álvarez Bravo. La fuerza visual de su obra recae en el blanco y negro que, aunado a los tonos de la luz difusa, o bien a los contrastes luminosos y violentos, llevan al espectador en algunos casos a un ambiente mágico, en otros onírico y en la mayoría de las veces a un mundo poético lleno de la propia realidad. La obra de Álvarez Bravo está siempre más allá de lo que se pretenda explicar, porque funde en cada instante creativo -con una variedad de registros-, la modernidad más absoluta sin desdoro de la personalidad mexicana.

Manuel Álvarez Bravo

Ciudad de México, 4 de febrero de 1902 - 19 de octubre de 2002.

Pionero de la fotografía artística en México, es considerado como el mayor representante de la fotografía latinoamericana del siglo XX. Su obra se extiende de finales de la década del veinte a la de los noventas. Nace en el centro de la capital mexicana el 4 de febrero de 1902. Interrumpe sus estudios a los doce años al fallecer su padre y comienza a trabajar para ayudar en la economía familiar en una fábrica textil y posteriormente en la Tesorería General de la Nación. Su abuelo, pintor, y su padre, maestro, eran aficionados a la fotografía. El descubrimiento temprano de las posibilidades de la cámara le hará explorar en forma autodidacta todos los procedimientos fotográficos, así como las técnicas de la gráfica. 

En un inicio aborda el pictorialismo, influido por sus estudios de pintura en la Academia de San Carlos. Explora luego las estéticas modernas, con el descubrimiento del cubismo y las posibilidades de la abstracción. En 1930 se inicia en la fotografía documental: Tina Modotti -al ser deportada de México-, le deja su trabajo en la revista Mexican Folkways. Así trabaja para los pintores muralistas: Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros.

Álvarez Bravo es una figura emblemática del periodo posterior a la Revolución mexicana conocido como renacimiento mexicano. Fue aquel un período cuya riqueza se debe a la feliz, aunque no siempre serena, coexistencia de un afán de modernización y de la búsqueda de una identidad con raíces propias en que la arqueología, la historia y la etnología desempeñaron un papel relevante, de modo paralelo a las artes. Álvarez Bravo encarna ambas tendencias en el terreno de las artes plásticas.

De 1943 a 1959 trabaja en el cine realizando fotografías fijas, lo que lo lleva a producir algunos experimentos personales. En vida, presentó más de 150 exposiciones individuales y participó en más de 200 exposiciones colectivas. Según numerosos críticos, la obra de este “poeta de la lente” expresa la esencia de México, pero la mirada humanista que refleja su obra, las referencias estéticas, literarias y musicales que contiene, lo confieren también una dimensión universal. Falleció el 19 de octubre de 2002, a los cien años.