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Literatura

Entrevista con Carol Rodrigues

Por Fernando Bruno

Instalada en Buenos Aires por cinco semanas en el marco de la Residencia de Escritores Malba, la escritora brasileña conversó con nosotros sobre la ciudad, las autoras argentinas que le gustan, el humor, el dinero, y la posibilidad de pensar la literatura desde la recolección y el desorden. 

Bueno, Carol, esta es la cuarta vez que estás en Buenos Aires. Contanos por favor un poco sobre tu interés por la ciudad.

Sí, es la cuarta vez que vengo. La primera vez era muy joven, todavía estudiaba. Era otra época de mi vida. En ese viaje vine a disfrutar de la vida nocturna porteña, algo que hoy me parece muy lejano. También vine otra vez con mi madre a hacer un poco de turismo, fue bien veloz. Y el viaje del año pasado me lo regalé para mi cumpleaños. Me quedé aquí diez días solo para darme el gusto. La palabra es horrible, pero lo que quería era “recolectar” autoras que no llegan o no llegan tanto a Brasil. Ahora están empezando a llegar más autoras latinoamericanas, pero todavía hay muchas a las que no podemos acceder desde allá.

Creo que Buenos Aires reúne algunas cosas que amo mucho. A mí me gusta correr, así que el hecho de que la ciudad sea plana y tenga muchos parques me da ganas de vivir aquí. Y las librerías, por supuesto. Hay muchos autores que me encantan y que son de aquí. Me dan ganas de beber un poco de esa agua, inspirarme un poco y ver qué pasa. Creo que el 100% de los escritores brasileños quieren mucho a Buenos Aires porque aquí hay muchas más librerías que en cualquier ciudad brasileña. Y aquí ocurre algo que es muy sutil: es normal leer un libro en la calle, en un café o en un restaurante. Nadie te va a molestar, nadie te va a mirar raro. Creo que estas cosas sutiles tienen que ver con una cultura de la lectura. Y aquí es como un oasis, algo realmente mágico.

¿Y quiénes son esas autoras de Buenos Aires o de Argentina en general que te interesan?

Soy adicta a Cecília Pavón. La conocí a través de Angélica Freitas, una poeta brasileña que fue a quien escuché por primera vez hablar de ella. Cuando vine el año pasado me compré todo lo que encontré de ella. Siento que es como una especie de César Aira de la poesía, porque publica mucho, ¿no? Es súper joven y a pesar de eso tiene muchísimos libros. Compré todo lo que encontré de ella y lo leí todo. Ahora estoy jugando a traducirla, a copiarla. Es una autora que me inspira en muchos sentidos, principalmente por su humor, que es un aspecto de la literatura que me interesa cada vez más: un humor algo melancólico. Algo que encuentro también en Adília Lopes, una poeta portuguesa a la que amo, o en Anne Carson, que también me encanta. Entonces creo que mis autoras favoritas en este momento tienen cierto humor en el ADN. ¡Y Cecilia Pavón tiene muchísimo humor!

También conseguí un libro de Rosario Bléfari, Diario del dinero, y me pareció muy interesante, una escritura un tanto performativa. Me hizo pensar que el dinero como tema es algo realmente genial. Esto lo vi varias veces aquí en Argentina, incluso en la exposición Del cielo a casa acá en el Malba que estaba abierta durante mi última visita: el dinero como una cuestión creativa, como un tema. Y me dije, vaya, ¿por qué nos olvidamos del dinero como tema artístico? Tiene que haber una crisis abrumadora para que nos acordemos del dinero como tema, ¿verdad? Sentí algo de esta energía aquí en los artistas que vi y regresé pensando que era algo muy interesante, muy necesario. No podemos olvidarnos del dinero y de las cosas materiales del capitalismo como tema, nunca. No podemos tener ese punto ciego. No en esta etapa de apocalipsis climático.

¿Sentís que este tema del dinero, del capitalismo, pero también esa dimensión más emocional, por así decir, del humor melancólico ya está presente en tus textos? ¿O es algo que estás incorporando ahora?

Yo no veía el humor en mi propio trabajo, pero luego otros empezaron a verlo y entonces yo comencé a verlo y también a desarrollarlo. Y ahora pienso que el humor es muy poderoso porque llega a mucha gente. La risa llega a mucha gente. Es difícil que llegue, pero cuando llega es muy poderosa. Mi familia es de Río, y el espíritu de Río es muy divertido, todo el mundo hace bromas todo el tiempo. El humor siempre estuvo presente en las relaciones de mi familia, para bien o para mal. Y eso lo llevo en mi ADN, ¿sabés? Luego comencé a descubrir que escribir con esto en mente también puede ser muy poderoso. Y también estoy abierta a reírme mucho mientras leo, algo que cuesta pero que es posible. Incluso hice un curso de clown a principios de año, porque quería estudiar un poco más lo que pasa con el cuerpo y el humor. Es algo muy absurdo que te permite descubrir cosas que no imaginabas sobre vos. Es muy loco. Se lo recomiendo a todo el mundo.

¿Y vos vinculás al humor con el tema del dinero? ¿O van por dos carriles diferentes?

No, creo que hay algo ahí que conecta con el dinero. Hay varios caminos posibles. Existe, por supuesto, el camino de la crítica, pero también existe el camino de sentir el dinero y las cosas materiales como parte de la realidad. Me gusta mucho lo que dice Caetano Veloso en una entrevista en la que menciona la letra de la canción “Alegría, alegría”. Él dice: “cuando canto ‘Yo tomo una Coca-Cola / Ella piensa en el casamiento’, todos creen que estoy haciendo una enorme crítica al capitalismo. Y no es eso. Simplemente me encanta beber Coca-Cola. Eso es todo”. Entonces hay un lado del dinero, de las marcas, de las cosas, del capitalismo, que tiene que ver con nuestra vida emocional y con lo que nos rodea. Y reconocer lo que nos rodea es muy importante. Por supuesto esto no significa romantizar el dinero o el capitalismo, pero sí reconocerlos, y eso es lo que trato de hacer en mis escritos. Pongo muchas marcas, porque no podemos ignorar el hecho de que las marcas forman parte de nuestras vidas. La marca de la leche que bebo, la marca del cereal que como, la marca del televisor que tengo en casa, la marca de mi heladera. Estas palabras, “Electrolux” por ejemplo, son una parte importante de nuestro vocabulario diario. Entonces, ¿cómo podemos utilizarlas en la literatura? ¿Cómo las incorporamos, ya que se cuelan con tanta frecuencia en nuestras vidas?

Si no me equivoco en portugués es igual que en español, ¿no? La palabra “marca” remite a una empresa, a algo comercial, pero también significa una marca en la piel, en el cuerpo. Una herida. Entonces no se trata solo del capitalismo en sentido abstracto, sino también de algo muy concreto, muy físico. En fin, ¿pensás incluir estas ideas de algún modo en el proyecto que vas a desarrollar aquí en Buenos Aires, que entiendo se vincula con cierta ciencia ficción distópica?

Este proyecto es una idea que tengo desde hace muchos años. Cuando se me ocurrió por primera vez parecía algo propio de un futuro muy lejano, pero debido al calentamiento global y la crisis ecológica cada vez parece algo más cercano, menos ficticio: vamos a tener que empezar a vivir más de noche que de día.

El protagonista es un adolescente. Aún es muy temprano en el desarrollo, pero él ha vivido toda su vida intercambiando el día por la noche. Entonces, básicamente nunca ha visto el sol ni la luz. Por su parte, el gobierno toma medidas para conseguir que las personas se adapten a esa realidad. Básicamente, muchas pastillas para dormir. Pero mucha gente tiene insomnio y mucha gente camina sonámbula. Y este personaje tiene un sonambulismo severo. Un día se despierta y camina sonámbulo hacia la luz y ve el mundo por primera vez con claridad, ese mundo hiper afectado por el calentamiento global.

Es la primera vez que escribís ciencia ficción…

Sí, nunca antes había escrito ciencia ficción. Honestamente, no estaba muy interesada en la ciencia ficción. Hace poco conocí a Ursula Le Guin y dije: ¡ahora encontré una ciencia ficción que me interesa! Ella no es súper optimista sobre el camino que estamos tomando, pero está en contra de producir imaginarios de destrucción total. Y eso está muy ligado a este estado de atención y sensibilidad frente a lo que está sucediendo. Siento que sus libros, si se llevaran al cine, podrían estar ambientados en unos pocos lugares. No necesitan escenarios enormes y millonarios. Es una ciencia ficción minimalista, que puede desarrollarse en un escenario con pocos actores dialogando. Una ciencia ficción ecológica, por así decirlo. Su visión cambió mi visión de la ciencia ficción y la convirtió en algo mucho más afectuoso, más cariñoso. En este sentido estoy limpiando un poco este personaje distópico que incluí en el proyecto. No va a ser distópico, pero tampoco va a ser utópico. Podemos simplemente renunciar a estas dos palabras que tal vez no tengan ningún sentido.

En su ensayo La teoría de la bolsa de la ficción, Le Guin tiene la teoría de que probablemente la primera herramienta humana no fue un arma, sino una bolsa, porque la comida se encuentra en un lugar y hay que transportarla. ¿Cómo se la vas a llevar a tus hijos? Y luego dice: tal vez esta sea la herramienta que tenemos que usar para construir nuestras historias. Entonces, las historias no son una línea recta, sino una bolsa en la que vas coleccionando cosas. Haber leído este ensayo antes de venir a la residencia fue muy importante para mí, porque siento que aquí en Buenos Aires quiero coleccionar, ¿sabes? Quiero ir por la ciudad con mi bolsa de ficción y coleccionar las cosas que encuentro. En San Pablo soy muy organizada, me levanto temprano, escribo dos horas antes de empezar con el trabajo que paga mis cuentas… Escribo mis historias de una manera muy ordenada. Entonces aquí en Buenos Aires quiero ser un poco más caótica, un poco más desorganizada. No sé si va a ser una novela sólida, con un principio, un desarrollo y un final. No sé qué va a pasar con esta historia, pero estoy muy contenta de no saber qué va a pasar, porque he sido muy organizada y productiva durante muchos años y estoy muy feliz de simplemente perder el tiempo. Poder perder el tiempo es un lujo, ¿no?

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Carol Rodrigues es la primera participante de la Residencia de Escritores Malba 2024. En Buenos Aires, junto con el tiempo de escritura e investigación para su nueva novela, participará de una serie de programas especiales abiertos al público.

Fernando Bruno es editor web de Malba. 

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Junto con el tiempo de escritura e investigación para su novela –una distopía de ciencia ficción con el nombre provisional KIM 2045–, Rodrigues participará de una serie de programas especiales en torno a sus intereses particulares, además de diferentes jornadas.

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