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Madalena Schwartz, fotógrafa

Madalena Schwartz
Madalena Schwartz con una cámara Asahi Pentax, San Pablo, ca. 1969. Archivo Pedro Luis Szigeti, Buenos Aires.

En 1960, a punto de cumplir cuarenta años, Madalena Schwartz –nacida Magdolna Mandel en 1921 en Budapest, Hungría, emigrada a los doce años a la Argentina, casada y madre de dos hijos– se mudó con su familia a la ciudad de San Pablo, en Brasil, donde compró y administró una lavandería llamada Irupê. Su vida cambiaría nuevamente apenas unos años más tarde, cuando uno de sus hijos ganó una cámara fotográfica en un concurso televisivo. Schwartz se interesó de inmediato por el artefacto, realizó cursos en el legendario Foto Cine Club Bandeirante y, cerca de cumplir cincuenta, inició una sorpresiva carrera artistica que la transformaría en una figura expresiva única.

La vida de Schwartz giraba por completo alrededor del centro de la ciudad, donde estaba emplazado su trabajo y también su vivienda, en el monumental edificio Copan diseñado por el arquitecto Oscar Niemeyer. Allí comenzó a retratar a los personajes de esa agitada zona –el núcleo de la red física y simbólica de la escena paulista–, muchas veces utilizando su propio departamento como estudio improvisado. Frecuentaba además los teatros cercanos y empezó a colaborar de modo independiente con diversos periódicos y revistas. Durante los años 70 y 80, su trabajo para la prensa la llevó a viajar por Brasil y por el exterior, retratando a los protagonistas principales de la vida cultural brasileña: intelectuales, vanguardistas, directores de teatro, actores y actrices (especialmente notable en ese período es una sesión con Clarice Lispector, durante el Congreso Internacional de Brujería de 1975 en Bogotá). Un año antes, había realizado en el Museo de Arte de San Pablo su primera exposición individual, en la cual incluyó diversos retratos de travestis y transformistas.

Madalena Schwartz
Madalena Schwartz. Danton y una persona no identificada, años 70.

Esta serie de retratos de travestis y transformistas fue realizada en gran parte en su estudio, con luz artificial, puestas teatrales y una gran atención y despliegue en el maquillaje y el vestuario. La decisión de fotografiar a estas figuras ambiguas y fuera de la norma –algunas sumamente famosas como el cantante Ney Matogrosso, pero la mayoría desconocidas para el público–, aleja a Schwartz del “buen gusto” de los fotógrafos profesionales del período y la vuelve impulsora de una retórica kitsch rupturista que se deleita en lo popular. Pero también la convierte en la anfitriona de un ambiente de complicidad y empatía, una intimidad protegida de la violencia de la calle y de la represión del gobierno militar de Emílio Garrastazu Médici, en la que las retratadas pueden experimentar y expresarse con total libertad.

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Madalena Schwartz. Danton y una persona no identificada, 1973.

 

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